El envejecimiento acelerado y la caída global de la natalidad amenazan el crecimiento, el estado del bienestar y la capacidad de innovación antes de lo previsto.
La dimensión geopolítica agrava el dilema. Europa decidió liderar la transformación global incluso si otras potencias no acompañaban con la misma intensidad.
El resultado es un país que ve cómo se estrecha el horizonte de prosperidad, atrapado en un sesgo estructural hacia el corto plazo que la combinación de demografía y política hace especialmente perverso.
En países como España, EE UU, Reino Unido, Francia o Alemania, los precios de los bienes se deslizan hacia abajo mientras los de los servicios se disparan.
En España llevamos años preguntándonos por qué la vivienda se ha convertido en un bien de lujo, como si el mercado hubiera sufrido algún ataque de codicia colectiva. Pero el misterio es mucho menos místico. Los precios no suben porque[…].